HISTORIA E IMPORTANCIA DE LOS GAY GAMES

Bandera lgtbi

Acaba de anunciarse que Hong Kong, país que acogerá los próximos Gay Games, retrasa la celebración del evento un año debido a la Covid-19, por lo que éstos no tendrán lugar hasta 2023.

Este evento deportivo tiene como propósito fomentar el respeto entre lesbianas, gays, bisexuales, trans y todas las personas sexualmente fluidas o con variabilidad de género (LGBT+) en todo el mundo, a través del deporte y la cultura.

Desde su creación, los Gay Games no han estado exentos de cuestionamientos, pero también han reflejado las tensiones de un movimiento propias del movimiento gay, al enfrentarse al estigma de las personas que viven con SIDA y la práctica del deporte, la marginación y participación efectiva de las mujeres lesbianas en estos certámenes, el reconocimiento de la identidad de género de personas trans, así como la representatividad de otros sujetos fuera de los estándares hegemónicos que aún preserva la “cultura gay”. Y todo ello forma parte de la historia del movimiento LGBT a nivel mundial.

En 1980 Tom Waddell ex-atleta olímpico, concibió las Olimpiadas Gay como un evento multideportivo capaz de romper los estereotipos negativos de los hombres homosexuales, combatir la homofobia y dignificar a la comunidad gay. Esta iniciativa representó una propuesta crítica a la organización y diseño de los Juegos Olímpicos, que siempre han destacado por el elitismo, el nacionalismo, el racismo, el sexismo y la homofobia.

Todo parecía marchar según lo indicado, pero a escasos diecinueve días de la ceremonia de inauguración de los I Juegos Olímpicos Gay de San Francisco en 1982, el Comité Olímpico de los Estados Unidos convenció a un tribunal federal para emitir un requerimiento contra Waddell y los organizadores del evento (San Francisco Arts & Athletics, Inc.), alegando que el uso de la palabra “Olimpiadas” violaba la ley de derecho de autor, mientras se corría el riesgo de diluir el significado e importancia de los Juegos Olímpicos. Los Juegos se celebraron pero, atendiendo al requerimiento judicial, pasaron a llamarse Gay Games.

Cuatro años más tarde, California se convertiría en la ciudad que acogería a miles de participantes de distintas partes del mundo, no sin vencer previamente una batalla mediática. A principios de los 80, titulares del New York Time y el Chicago Tribune definieron el sarcoma de Kaposi (SK), y por tanto el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) como un “cáncer gay”, manifestando que celebrar este evento conduciría a una mayor propagación de la enfermedad. La historiadora Caroline Symons, en su libro “The Gay Games: A History (2010)”, resumió este sentir de la siguiente forma: “la puesta en escena de los Juegos Gay durante un tiempo en el que la comunidad gay de San Francisco estaba en uno de sus puntos más bajos era como bailar en las tumbas de los muertos y los moribundos” (p.78).

Waddell, por el contrario, consideraba ésta una oportunidad para alentar e impulsar a la comunidad gay, en el convencimiento de que la práctica del deporte mejoraría sus vidas y que los Juegos serían una oportunidad para hablar abiertamente sobre el Sida, desde un enfoque educativo. Por lo tanto, durante esos II Juegos, los voluntarios distribuyeron condones, literatura de sexo seguro y paquetes informativos.

Cronología de los Gay Games (1982-2018)

Los Juegos comenzaron a internacionalizarse y crecer financieramente, pero para muchos este modelo reproducía los estereotipos que dominan el discurso “gaycapitalista” destinado a “hombres gays profesionales, blancos, urbanos y de altos ingresos”. De manera que aspectos como la inclusión, políticas sobre la igualdad e identidad de género conformarían esa agenda pendiente hasta nuestros días.

Durante años la Federación de los Gay Games (FGG), en el intento de lograr una mayor inclusión, incorporó políticas para la participación de personas transgénero en las competiciones. Antes de los Juegos de Sídney 2002, se siguieron estipulaciones restrictivas según postulados clínicos y psicológicos, exigiendo no sólo el cambio de sexo legal, sino también una carta de un médico que describiera los tratamientos hormonales en curso durante al menos dos años. Desterrando este enfoque patologizador de las identidades trans, la FGG esbozó una nueva “Política de género” que se centró en la naturaleza socialmente construida del género.

Las políticas sobre igualdad de género y la participación de lesbianas continúa siendo una tarea en la que aún queda mucho por hacer a día de hoy. Aunque la equidad de género conformó uno de los objetivos centrales de los Juegos, se pensó que parte de esta paridad ocurriría de forma automática desde su primera convocatoria. Sin embargo, no fue hasta 1998, en los juegos de Amsterdam, cuando a través de estrategias de participación las mujeres lograron representar el cuarenta y dos por ciento de los competidores. Desafortunadamente, en los años siguientes una importante brecha en la participación de mujeres ha vuelto a llamar la atención de los equipos femeninos, quienes cuestionan qué se está haciendo realmente para que participen todas las personas que integran el acrónimo LGBT+, porque en este proceso no basta sólo con decir que son bienvenidas.

Mientras nos preparamos para participar en los Gay Games de Hong Kong, o Juegos LGBTI+, si realmente queremos comenzar visibilizando y haciendo de esta una propuesta en la que todas las personas nos sintamos llamadas a participar, tenemos una lista de deseos que toma como presupuesto la interseccionalidad, como política de inclusión que se preocupa en no dejar a nadie detrás. Necesitamos unos Juegos donde los mecanismos de participación posibiliten el acceso real de mujeres lesbianas y mujeres trans, donde las personas racializadas, personas con VIH-Sida, personas intersex y personas con discapacidad sumen más que números y estén motivadas a la práctica del deporte como espacio seguro donde alzar sus voces y celebrar sus cuerpos como un instrumento de resistencia.

¿Si son necesarios estos Juegos? Creo que sí. Los Gay Games son una respuesta y una propuesta desde donde es posible desarticular aquellas resoluciones y disposiciones que constriñen las expresiones de la diversidad.

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